W. no permission.
Navaja en mano. Soportar los vocablos con estertores de un tipo insoportable que te da dos peniques por afeitarle la barba. Aguantar la espuma mezclada con su mezquindad en tu mano. “Piensas demasiado!!”. Rabia e indiferencia. “Si señor!”. Horror. Unas luces llaman a lo lejos; ¿es un ovni, un camión? ¿Es quizás un fin cosmogónico llamado a no producirse, a no acabarse? Paranoia. Una navaja manchada de sangre. Un vestido rojo, de tirantes y volantes, un niño. Marie, sus restos. Puta madre de un hijo de puta. Folladora de tambores y vocablos pulsionales, insultando levemente a un Freud que se quedaría helado al oir tremenda vida. No dormirás jamás, comerás eternamente engrudos de garbanzos. Vivirás en un mundo destruido, que no entenderás y es que no te pertenece. ¿Para que vivir entonces pequeño asesino inocente? Morirás, te mataremos a cañonazos, tus restos se apilarán, de ahí, más cañonazos; y de tu sangre se hará jabón para que algún médico, o Hauppmann o veteasaberquién de 1982 se pueda lavar las manos, la cara y la lengua. Inocente desequilibrado por no habértelo buscado